Aún quedan semanas y ya estoy nerviosa.
Por una parte es un cosquilleo suave y travieso que me hace sonreir a todas horas y me recuerda que quizá ésto sea (tú seas) lo que siempre estuve buscando.
Por otra... algún resorte interno de mi cuerpo salta cada vez que me acuerdo de ti y me grita al oído WARNING!, porque a veces las cosas no terminan siendo lo que parecen y ante éso lo único que me queda es ser precavida.
Pero quedan tres semanas. Tres semanas para descubrirte, para descubrirme a mí misma. Veinte días para dejar de ser, en cierta forma, la chica que he sido hasta hoy y pasar a ser algo más... yo misma.
No sé cómo terminará todo esto. Quizás dentro de un tiempo lo recuerde con una sonrisa, o quizás algún día leamos ésto juntos y no me dejes protestar cuando baje la mirada y me avergüenze, colorada como un tomate.
Pero lo que sí tengo claro es lo que haré dentro de tres semanas en el mismo momento en que te vea bajar del tren.


